A las 9 de la mañana, en el casino de la Residencia del CAR, los 13 deportistas que se quedaron a pasar la pandemia en el recinto ñuñoíno se tornan junto a una gran mesa para desayunar. El día comienza para la comunidad, que llega de uno en uno para compartir las primeras impresiones de otra jornada en cuarentena. Se reunirán otras dos veces hoy: al almuerzo y a la cena. Siempre todos juntos. Son casi una familia, pues hace más de dos meses que se mantienen soportando la cuarentena aquí.

La comunidad la componen los pesistas paralímpicos Javier Jiménez, Jorge Carinao, Juan Carlos Garrido y Marión Serrano y Camila Campos; la gimnasta Franchesca Santi; el voleibolista Jordan Araya; la karateka Carol de la Paz, los atletas Anaís Hernández e Ignacio Nordetti; los patinadores Christopher Verdugo y Romina Pérez, además del luchador Yasmani Acosta.

“Cuando se decretó la alerta sanitaria, había casi 50 deportistas en la residencia. Se conversó con ellos y se les dio la alternativa de seguir en el recinto bajo estrictas medidas de seguridad sanitarias o retornar a sus hogares”, explica Roberto Rojas, el administrador del Estadio Nacional.

Por eso es que durante todo este tiempo han debido tomar las mismas medidas que tomaría una familia cualquiera: lavarse las manos en reiteradas ocasiones, evitar contacto con personas externas al núcleo y, por sobre todo, no salir de aquí. Pero también los gimnasios y zonas comunes han debido modificar totalmente su normal uso, ahora con sanitizaciones de implementos antes y durante su utilización.

“A mí la verdad no se me ha hecho tan difícil estar. Llevo 10 años viviendo en el CAR, así que estoy acostumbrado. Claro, nunca estuve dos meses encerrado aquí dos meses, pero no ha sido tan difícil”, dice Juan Carlos Garrido, que con sus 40 años es el más experimentado de todos y por lo mismo es a quien todos escuchan. “Muchas veces tenemos sobremesas eternas, pero son muy agradables. Nos apoyamos entre todos”, asegura el pesista, virtualmente clasificado a Tokio.

Garrido es el único deportista que pudo salir del CAR y regresar. Ocurrió hace unas semanas y por una razón especial. “Mi madre falleció hace poco menos de un mes y, antes de que se fuera, quise estar con ella y despedirme. Salí solo para ir a encerrarme en mi casa, en Recoleta. Lo bueno es que me dieron esa posibilidad”.

Como todos los que están aquí, están son beneficiarios de la beca Proddar, se quedaron para preprarar los torneos fundamentales que les permitirán mantenerla. Pero el que sueña más en grande es Yasmani Acosta. Él luchador está ratificado en Tokio y por lo complejo de su preparación, no quiso abandonar el CAR. Pero inevitablemente ha visto reducido su entrenamiento. “Lo más difícil para mí ha sido no poder entrenar con otro compañero. Mi deporte es la lucha, entonces es vital tener a otro con quien practicar”, cuenta.

Las penas y alegrías se comparten entre todos. También con algunos funcionarios, que han debido llegar al recinto para colaborar con los deportistas. Es una dotación mínima, para permitir el funcionamiento de la residencia, como el aseo, la alimentación y vigilancia, además del equipo de apoyo profesional presencial, con médicos, paramédicos y kinesiólogos. Y la ministra, que almuerza con ellos de vez en cuando

“Para comprar, le hacemos todos una lista al administrador del CAR. Le mandamos fotos y detalles de las cosas que necesitamos”, cuenta la patinadora Romina Pérez, que decidió quedarse aquí para no perjudicar la recuperación de su rodilla izquierda.

Así pasan los días la comunidad de los 13. Todos ya son amigos y confían mantenerse aquí hasta que la pandemia se controle. Son los únicos deportistas del Team Chile que siguen entrenando donde siempre lo hacían. Con todas las instalaciones cerradas (también las del CAR para los externos), vivir donde entrenan se ha convertido en un privilegio. Los 13 deportistas profesionales de Chile que sí entrenan con todos los permisos.

/GAE
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