El partido U. Española 4 v/s Huachipato 4 jugado el domingo de 15 de marzo en el estadio Santa Laura, ante 1.741 espectadores fue el último pleito que vi. Fue un partidazo de ida y vuelta y además con ocho goles para deleitarnos. Hasta ese entonces intuíamos que nos quedaríamos sin futbol, pero jamás pensamos o no queríamos creer, que esto sería en todo el mundo, para todos los deportes y por tanto tiempo.

                                                       El Covid-19, ha logrado paralizar el planeta y nos ha traído la desolación, la tristeza y el dolor, más una incertidumbre devastadora. Este fin de semana, recién pasado  después de dos meses, en Alemania se vuelven abrir las puertas de los estadios, para reanudar el torneo alemán, que atraviesa la fecha N° 26, sin publico naturalmente y tomando todas las precauciones que las autoridades germanas dispusieron para este retorno. Sería interesante intentar suplir el silencio de un estadio sin público, con grabaciones de aplausos, pifias, griterío y garabatos al árbitro cuando lo merezca. El futbol es un espectáculo y un show, algo así como las series americanas en que las risas y aplausos están grabados.

Hoy precisamente mire por la tv, el cotejo entre  Werder Bremen 1 v/s Bayer Leverkusen 4, en el estadio de Weserstadion de la ciudad de Bremen. Lo más importante para nosotros es que en el equipo del Bayer Leverkusen, juega nuestro seleccionado nacional Charles “Príncipe“ Aránguiz, que desde el 2015 está establecido en Alemania, en donde es un ídolo y pieza fundamental en el andamiaje del cuadro de las “aspirinas” como denominan al Bayer en la prensa teutona. Aránguiz hoy demostró estar totalmente vigente y con la fuerza de siempre, transformándose en el “contralor” del medio campo, en la quita de balones y agilizando el juego. Muchas veces este puesto dentro de la cancha, los jugadores de buen pie y talentosos lo ponen al servicio de ellos mismos, para su lucimiento personal, y logrando con esto ser verdaderas aduanas que hacen un futbol burocrático y lento. El chileno antes de recibir la pelota, ya sabe a quién tiene que dársela.

Con este reentre al fútbol, quiero agradecer la magia que por lo menos en mi produce este deporte y que en estos momentos sirve un tanto para mitigar tanto dolor mundial y particular.

Hoy me tocó ver cinco goles,que con  los ocho de Unión-Huachipato hace dos meses, puedo declarar que tuve suerte. Trece goles en dos partidos, no es muy común. Volvió en parte un esbozo de alegría y llegó de los pies y el talento de un Príncipe.

 

Gonzalo Mingo Ortega.