Estando en pleno desarrollo la segunda rueda de las competencias ligueras locales y la Copa Chile, que dan acceso a torneos continentales, donde los representantes nacionales están lejos de equiparar el nivel de competitividad de la Selección y en el último lustro no han asomado en instancias de semifinales.

Detrás de estas competencias existe una actividad económica que está viviendo un nuevo orden en nuestro país. Luego de la concesión que le otorgaron los 32 clubes profesionales chilenos del Canal del Fútbol (CDF) a Turner por 15 años, estos recibieron a cambio US$ 3,1 millones cada uno.

Lo anterior significó un alivio en los balances de los clubes y sirvió para ordenar las deudas que la gran mayoría tenía.

“Se le debía a cada santo una vela”. Esa era la situación de Rangers cuando su presidente y actual dueño, Felipe Muñoz, tomó el club hace un año y medio, según él mismo revela. Por lo anterior, indica que el dinero que llegó del CDF se utilizó para pagar deudas, más un pasivo de casi US$1 millón por un complejo deportivo que no se había pagado. Además, se le inyectó dinero a esa infraestructura para nuevas mejoras para el fútbol joven y para instalar una tienda con los implementos del equipo en el mall de la ciudad.

El presidente y dueño de Deportes Iquique, Cesare Rossi, detalla que los dineros del CDF los invirtieron en su nuevo centro deportivo y agrega que, además, utilizaron parte para pagar sus deudas. “Eso, para el manejo de nuestras operaciones en el mes a mes ha sido un alivio. En los prácticamente 11 años que llevamos en el fútbol eso siempre fue terrible”, reconoce.

Santiago Wanderers y Coquimbo Unido confirmaron que también invirtieron los flujos del canal en sus nuevos complejos de entrenamiento. El presidente del cuadro “pirata”, Jorge Contador, reconoce también que “gran parte del dinero del CDF llegó para pagar deudas que se venían acumulando desde hace mucho tiempo (…). La deuda era con directores que hicieron aportes para ayudar al club”.

Un directivo de Palestino comenta que con la plata del CDF, ocuparon US$2 millones para pagar los déficit de arrastre de 2017 y 2018, y US$1 millón lo utilizaron para pagar, en parte, el “crédito puente” que les proveyó la ANFP.

Más sofisticados fueron en Universidad Católica. El gerente general de la institución, Juan Pablo Pareja, detalló que los montos provenientes de Turner actualmente están invertidos en fondos mutuos y el directorio está estudiando el uso que se les dará. Además, confidencia que esperan entregar a fines de año a la Dirección de Obras de Las Condes el anteproyecto de la ampliación de su estadio. Eso sí, dice que todavía falta resolver la posible venta del nombre del estadio a un sponsor, “que nos permita financiar los costos principales de una remodelación”, y agrega que resta “obtener los permisos necesarios para desarrollar una obra de estas características” -la planean para 20 mil hinchas-.

En Universidad de Chile no estuvieron disponibles para participar en este artículo y se limitaron a indicar que están “en pleno proceso de reorganización administrativa y financiera del club”.

Pese a la danza de millones, es una actividad deficitaria

Aunque el CDF se concesionó en una cifra impensada hace algunos años, y teniendo en cuenta que, además, por conceptos de derechos televisivos se le otorga a cada club de Primera División del orden de $190 millones mensuales -un 58% más que los $ 120 millones que recibían previo al cambio de mano del canal-, más cuotas por excedentes anuales acumulados del CDF, que el último año rondaron en $300 millones por club, más cerca de $130 millones anuales (provenientes de auspicios de los torneos) que le otorga la ANFP a cada equipo que tenga un proyecto para mejorar su infraestructura, quienes manejan a las escuadras señalan que el fútbol no les genera ganancias.

“El que crea que va a ganar plata con el fútbol está loco”, dice uno de los accionistas más importantes de Colo Colo, mientras que un dirigente de Palestino enfatiza que “el fútbol no es un negocio, es un botadero de plata, a menos que tengas buenas rachas en copas internacionales o vendas jugadores caros”.

El presidente de Iquique asevera que “los clubes somos deficitarios, sobre todo los de provincias. La única forma de que sobrevivamos es vender una vez al año a un jugador”. Agrega que pierden $4 millones por partido y que con la ayuda de los auspiciadores pueden costear los viajes. “Si hubiese pensado en perder la plata que se perdió, no hubiese entrado. Pensamos que el negocio iba a ser distinto, más auspicioso. Uno sabe que con el fútbol no va a ganar plata, pero tampoco la idea es perder. Solo con la venta del CDF pudimos respirar tranquilos”, confidencia, y reconoce que “tuvimos que prestar dinero de nuestro bolsillo para poder pagar los sueldos. Ahora, con lo que llega mensualmente del CDF podemos mantenernos tranquilos”.

El también cuadro nortino de Antofagasta tampoco rebosa dinero. “Ojalá que pudiésemos ganar, pero el fútbol es el último negocio donde uno esperaría ganar plata”, dice Jorge Sánchez, su dueño y presidente.

Hace cinco años, cuatro accionistas compraron Huachipato. Uno se alejó en menos de un año, debido al mal prospecto económico de la actividad. Los tres dueños que quedan, Victoriano Cerda, Marcelo Pesce y Marcelo Ambrosio, han logrado que Huachipato sea superavitario todos los años, principalmente por la venta de jugadores. “Si no, sería absolutamente deficitario. Si no vendiéramos jugadores, nuestro club tendría déficit anuales en torno a US$1 millón o US$1,5 millones”, puntualiza Cerda, quien rememora que “llegamos al club en búsqueda de invertir en el área de entretenimiento, pero la verdad es que nos hemos encontrado con un negocio distinto al que suponíamos, con menores perspectivas. Hemos logrado profesionalizarlo bastante, con una robusta administración y mejora de infraestructura, pero el nivel de actividad de la industria es bastante bajo”.

Cristián Le Bihan es uno de los inversionistas más nuevos del fútbol local. El argentino, que es la cara visible de los inversionistas de San Luis de Quillota, sentencia que “los clubes siempre son deficitarios. Tratamos de implementar una economía sustentable y que no entre agua al barco. Hay que tratar de hacer incorporaciones que en un futuro puedan ser un beneficio económico. No sé quién dijo la locura que un club puede ser autosustentable. Siempre se necesitará la cuota de la televisión”.

Entonces ¿Quiénes se llevan la plata del CDF?

Los dueños de clubes son tajantes a la hora de señalar quiénes se ven beneficiados con los millones del CDF. “Todo se lo llevan los jugadores”, afirma uno de los principales accionistas de Colo Colo.

Alrededor del 75% del gasto de Santiago Wanderers son los sueldos de los jugadores, puntualiza un conocedor del club porteño, quien agrega que “el crecimiento del gasto en el fútbol ha sido tremendamente alto, ha subido a razón de lo que sube el aporte del CDF, por eso que los clubes siguen teniendo pérdidas o son poco sustentables”.

El análisis más detallado de este punto en el fútbol lo tiene un dirigente de un club del sur, quien ilustra que “el incremento de salarios en el fútbol no dice relación con la tasa de inflación regular ni con la tasa de salarios reales del resto del país. A mayores ingresos por televisión, también aumenta considerablemente el gasto en planteles. Todos los incrementos de ingresos de la industria, se los terminan llevando los jugadores en un plazo máximo de dos a tres años”.

Abiertos a escuchar ofertas

Con los clubes sanos en sus pasivos y la casa ordenada, se instaló de manera resonante en el ambiente futbolístico que habría una ventana para que algunos dueños de clubes puedan vender sus posiciones y salir así de una actividad que reconocen como no rentable.

En Iquique, Cesare Rossi, quien junto a su familia tiene el 90% del club, indica que “hasta esta fecha no nos han llegado ofertas. Pero por supuesto que estaríamos dispuestos a escucharlas”.

En Colo Colo, uno de sus principales accionistas apuntó a que “si viene alguien y se interesa en todas las acciones, se las vendo. Pero no tengo ningún apuro y siempre se hará a buen precio”.

Desde EE.UU., el controlador de Ñublense de Chillán, Patrick Kiblisky, responde al fuerte rumor de que tendría el club a la venta. “Si usted conoce o sabe de alguien serio que esté dispuesto y quiera sentarse a conversar, yo siempre estoy dispuesto a escuchar”, dice. Sin embargo, puntualiza que no tienen un proceso formal de venta. “De lo que he visto, salvo contadas excepciones en los últimos cinco o seis años, la mayor parte de los clubes que se han vendido, ha sido a cambio de dos monedas y un chicle. Ñublense no se venderá por eso”, lanza.

Ricardo Abumohor, presidente y dueño de O’Higgins de Rancagua, es elocuente en decir que “una sola familia no puede sostener lo que viene. Para seguir creciendo y obtener los resultados que todos queremos, necesitamos sumar nuevos socios a la propiedad. Es prioritario inyectar nuevos recursos para ir por más y explotar el ciento por ciento que puede dar esta institución”.

El cuadro de Universidad de Concepción es uno de los pocos que no es sociedad anónima. Es una corporación deportiva -al igual que Curicó-, que tiene un fondo profesional del fútbol. Además del CDF, sponsors y la ANFP, los principales aportes provienen de la universidad, que en el último año le inyectó $1.500 millones. ¿Están abiertos a que alguien compre el club y sea SADP? “Hemos discutido ese asunto, pero si concesionáramos alguna parte del club a un grupo inversor, significaría que estaríamos vendiendo la marca de la Universidad de Concepción. No está en los planes inmediatos, pero es una posibilidad abierta”, reconoce Mario Rodríguez, presidente de la institución.

Un cercano a Nicolás Ibáñez indica que al exdueño de D&S “le encantaría que los accionistas actuales compren un porcentaje importante de Santiago Wanderers o que entren nuevos accionistas, pero tampoco ha encontrado a nadie. Él está dispuesto a seguir colocando dinero indefinidamente, pero no el 80% del total”. Misma fuente confidencia que Ibáñez una vez le ofreció a la Corporación de Wanderers las acciones que tiene. “Se las regalo”, les habría dicho en una reunión de directorio que se celebró en Santiago, “pero ellos se dieron cuenta de que no podrían administrar ese barco, donde hay que poner a lo menos US$1 millón todos los años”, comenta un cercano al empresario.

Nadie ha querido entrar al club porteño, ni siquiera grandes empresas de la ciudad. Nadie ha tocado la puerta para comprar el club. Ibáñez está en un zapato chino, ante lo que resolvió suscribir al último aumento de capital mediante una sociedad de su brazo de inversiones Drake, con lo que espera pasar de un control filantrópico a uno de negocios.

¿Quién podría comprar a los clubes?, se preguntarán algunos. Los caminos apuntan hacia los representantes de los jugadores.

Un dirigente de Palestino señala que tributariamente resulta más atractivo venir a Chile. “Si en Argentina les cobran 44% de impuestos por vender a un jugador, lo traes mejor a Chile y pagas un 10%”, lanza.

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