Año 2006, final del Torneo de Clausura y el rival era la U. de Chile. Los protagonistas,
Claudio Bravo y Mayer Candelo. El colombiano quiso picar la pelota, y Bravo estaba jugado
a su izquierda, el cafetero se disponía a celebrar, cuando el arquero albo se sobrepone y
con la mano derecha ataja el penal. Se escribía para siempre el nombre del “mejor
arquero de Chile” en el corazón de todos los colocolinos que, por TV o en el estadio,
fueron espectadores de esa final.

Con la selección chilena, que en 100 años nunca había ganado nada, se alzó 2 veces
consecutivas, como campeón de américa a manos, directa e indirectamente, de Claudio
Bravo.

Hoy el panorama es parecido, pero distinto. Y pareciera que desde el famoso partido con
Brasil en la última fecha de las clasificatorias al mundial de Rusia 2018, y sucedida la tan
famosa publicación de su esposa, Claudio Bravo ha perdido protagonismo futbolístico.

Tuvo una temporada espectacular en el FC Barcelona, donde obtuvo el premio Zamora al
mejor portero de la temporada el 2016 con alucinantes actuaciones donde le ganaba la
titularidad a Ter Stegen. Pero, como dice la canción, “todo se terminó…”

Fue transferido al millonario Manchester City del recién asumido Pep Guardiola, fue
titular, pero sus partidos estuvieron lejos de los que tuvo en el equipo catalán y tras unos
partidos y bajo la crítica de los hinchas y periodistas ingleses, Bravo pasó a ser suplente. Si
lo marcáramos como un hito, sería el momento en que comenzó a disminuir la figura del
arquero chileno.

De ahí en más vinieron solo negativas, salvo, la actuación de Chile en la copa
confederaciones, donde frente a Portugal, volvía a lucirse atrapando 3 penales en las
semifinales el 2017, pero luego vinieron las derrotas frente a Alemania y una sucesión de
malos resultados en las clasificatorias. Perdió la confianza, perdió el timón en la selección,
no ha vuelto a ponerse la jineta de capitán y para colmo de males, se cortó el tendón de
Aquiles, una de las lesiones más graves que puede sufrir un deportista.

Dimes y diretes a través de la prensa hacia el técnico Reinaldo Rueda. Disputas internas,
no solucionadas, según Gary Medel, con sus compañeros de selección y un sinfín de
situaciones que sólo lo alejaron del glorioso pasado futbolístico y de liderazgo que tenía o
se daba a entender a la opinión pública.

Luego de un año de recuperación, de trabajo kinesiológico, de entrenamiento y un estricto
régimen médico, el oriundo de Viluco, volvió a jugar en la pretemporada de su equipo y el
nivel mostrado por Bravo fue impresionante. Sí, todos los colegas de la prensa decíamos
que Claudio debía estar en la Copa América, pero estoy seguro que ninguno de nosotros
esperaba un retorno al fútbol en tan buen estado y con tantos reflejos y buen juego.

Guardiola lo alabó en conferencia de prensa luego del último partido de la pretemporada
y una semana después lo ratificó como el titular para disputar la Community Shield -una
especie de súper copa inglesa- y lo hizo de gran forma y como nos tiene acostumbrados,
tapando penales.

Guardiola lo dijo, “Bravo ganó el partido” pero también, en una maquinación
comunicacional digna de un equipo de prensa político, lo elogió relegándolo al banco de
suplentes diciendo “actualmente, es un segundo arquero increíble” ratificando al
excelente Ederson, como el titular indiscutido del City.

No sé si se lo merezca, y lo digo con corazón de hincha y de chileno, pero Bravo debiese
jugar más. Quizás por orgullo deportivo, seguirá en Manchester, pero por lo que significa
el nombre de Claudio Bravo, por lo que ha hecho como jugador, debiésemos verlo jugar
más seguido.

Duele ver a un futbolista bueno sentado en la banca. Quisiera verlo brillar, pero le toca
seguir trabajando en los entrenamientos y esperar la oportunidad de jugar, o sencillamente, buscar un nuevo equipo.

Por lo pronto me gustaría verlo en la selección, donde merece estar, y porque no algún
día, estar presente cuando vuelva a vestir la camiseta de Colo-Colo.

Por Aarón Guerrero Sandoval