Al escándalo de los abusos sexuales cometidos sobre gimnastas adolescentes durante dos décadas por el doctor Larry Nassar, médico de la Federación Estadounidense (USA Gymnastics), le faltaba un relato como el que ‘Spotlight’, Oscar a la mejor película de 2015, le proporcionó a los casos de pederastia en la Iglesia católica de Boston. También una investigación periodística, en este caso del diario The Indianapolis Star, es el hilo argumental del documental estrenado esta semana por Netflix titulado ‘Athlete A’ (Deportista A). En él se engarzan las informaciones que desde mediados de 2016 fueron sacando a la luz la trayectoria como depredador sexual de Nassar y el intento de ocultar el escándalo por parte de USA Gymnastics cuando recibió las primeras denuncias.

Todo relato requiere un contexto y unos personajes que le dan sentido. Los autores de ‘Athlete A’, entre los que está la exgimnasta Jennifer Say, campeona estadounidense en 1986 y productora del documental, los enraízan en la propia esencia e historia de la gimnasia deportiva, aunque hechos parecidos se han dado en otros deportes y en cualquier lugar. Recientemente, cuatro exnadadoras demandaron a la Federación de Estados Unidos, USA Swimming, por lo mismo que se le achaca a USA Gymnastics.

La gimnasia como deporte de gran exigencia a edades tempranas aparece como un entorno propicio para los abusos físicos y psicológicos ejercidos por personalidades en busca del éxito a cualquier precio. ‘Athlete A’ se detiene en la trayectoria del matrimonio formado por Bela y Marta Karoly, los descubridores y forjadores de Nadia Comaneci, presentados como unos arribistas en el régimen del sátrapa Nicolae Ceaucescu y maltratadores. Geza Pozsar, coreógrafo de la selección rumana, que acompañó a la pareja en su huida en los Estados Unidos en 1981, recuerda el control que tenían sobre las niñas y los malos tratos físicos que les infligían. “Marta les solía coger del cuello y las abofeteaba. Se les quedaba marcada en la cara la señal de su añillo”, relata.

El sistema que usaban los entrenadores a mediados de los 70 era todo lo cruel necesario para obtener resultados. Cuando Bela y Martha [Karoly] llegaron, validaron ese sistema”

Los Karoly habrían exportado unos métodos de regímenes comunistas que garantizaban la forja de nuevas de estrellas -Mary Lou Retton, oro en Los Angeles 1984, Kim Zmeskal, campeona mundial en 1991- en un país que tampoco iba a preguntarse por el precio a pagar por el éxito. “Empecé en la gimnasia a mediados de los 70 y el sistema que usaban los entrenadores era todo lo cruel necesario para obtener resultados. Cuando Bela y Marta llegaron, validaron ese sistema”, asegura Jennifer Say. Los Karoly fueron ganando poder en la gimnasia estadounidense hasta controlar la parcela femenina como coordinadores, primero Bela y, tras su retirada, Martha hasta los Juegos de Río 2016.

Otros ‘villanos’ fueron sumándose a la función. Stephen Penny, un experto en marketing sin relación anterior con la gimnasia, que acabó convirtiéndose en su presidente en 2005. Un tipo sin escrúpulos. Y Larry Nassar, un médico que desde mediados de los 90 prestaba sus servicios sin cobrar, al tiempo que trabajaba en la Michigan State University. Nassar es caracterizado por sus víctimas como el ‘poli bueno’ que les daba afecto, incluso chucherías, frente al rigor cuartelero de los Karoly en las concentraciones del equipo nacional en su rancho en Texas, que se convirtió en el Centro Nacional de Entrenamiento de la artística femenina. Ahí, y en Michigan State University, Nassar abusó sexualmente de las deportistas, haciéndolo pasar por manipulaciones osteopáticas.

 

Fue Maggie Nichols, miembro del equipo norteamericano campeón mundial en 2015, quien denunció a través de sus padres a USA Gymnastics en junio de ese año, cuando ella tenía 15, que el médico la había introducido los dedos en la vagina. “¿Te hace a ti estas cosas? ¿Es normal esto?”, le preguntó a su compañera de selección Ali Raisman, seis años mayor. “Sí, a mi también”, fue la respuesta.

Steve Penny, volcado principalmente en la captación de patrocinadores que querían ligar su firma a un producto atractivo y de éxito seguro, maniobró para que no estallara el escándalo. Mientras aseguraba a los padres que se encargaría de comunicarlo al FBI -tardó cinco semanas en hacerlo- abrió un simulacro de investigación interno que se saldó con un acuerdo con Nassar para que éste cesara en su puesto. Posteriormente se supo que Penny había ofrecido un puesto de trabajo en el Comité Olímpico a la investigadora del FBI, que apenas movió un dedo en el caso.

¿Te hace a ti [Larry Nassar] estas cosas? ¿Es normal esto?”

‘Athlete A’ se sirve de los padres de Nichols para presentar la exclusión de su hija del equipo de los Juegos de Río 2016 como un manejo entre Penny y Marta Karoly. “USA Gymnastics le arrebató su sueño”, afirma convencida su madre. La gimnasta quedo sexta en los ‘trials’ de clasificación tras salir de una lesión de rodilla. Su no selección -fueron elegidas cinco titulares y tres reservas- también se explica por el reparto de notas que cada gimnastas podría aportar al equipo olímpico.

“Intenté no pensar mucho en ello, seguir adelante y confiar en que tomaron la decisión correcta”, recuerda la ‘Deportista A’, que dejó su carrera internacional y siguió practicando gimnasia en la Universidad de Oklahoma, con cuyo equipo logró el título de la NCAA en 2017 y ella el individual en los dos años siguientes.

/GAE
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