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Por rodaje, el equipo que lanzó Bernardo Redín a la cancha ante Brasil, no se queda.

Gonzalo Collao, aunque ha jugado poco y nada en la U, tuvo presencia en el arco de Cobreloa y ahora pertenece al Extremadura de España.

Los laterales ven acción permanente en sus equipos: Bernardo Rebolledo en la UC y  Alex Ibacache en Cobreloa. Y los dos Nicos que ingresaron como centrales alternan habitualmente en los primeros equipos de Huachipato y Palestino.

En el medio, los dos de corte son titulares en Colo Colo y U. de Chile (Gabriel Suazo y Camilo Moya) y para la salida está Ángelo Araos, que por algo fue transferido al Corinthians.

En el ataque, otro “internacional”: Victor Dávila del Pachuca, más Nicolás Guerra e Iván Morales, jugadores que son la esperanza del recambio en ataque de U. de Chile y Colo Colo.

Con este equipo, hile saltó a la cancha para enfrentar a un Brasil, que cuenta con jugadores de mucho más pergaminos que los ya mencionados seleccionados nacionales. De hecho, ocho de los titulares juegan en Europa y los tres restantes pertenecen al Gremio, Sao Paulo y Corinthians. ¿Otro datito? Lianco, el gigante que lleva las jinetas de capitán, juega en el Torino y también fue convocado a la selección italiana.

COMIENZO UNILATERAL y TEMPRANERO 1-0

Semejante categoría del adversario se hizo notar desde los primeros minutos. Porque Brasil controló la pelota sin contrapeso y metió desde el inicio a la selección chilena en su área.

Tuvo el gol Matheus Cunha y desvió desde la entrada del área chica. Sin embargo, a los pocos minutos, el ariete que juega en el fútbol alemán, no falló y tras sacarse con suma facilidad a Ramírez la tocó a un rincón cuando le salía Collao.

Preocupante 1-0 a esa altura, porque la selección chilena no daba pie con bola ante la superioridad de los brasileños. Afortunadamente, en el arco chileno, Colla siempre transmitió seguridad y neutralizó todas las cargas brasileñas.

ATISBO DE REACCIÓN

Una de dos: o Brasil se calmó con la apertura de la cuenta o Chile tuvo un atisbo de reacción.

Porque comenzó a aparecer Araos en el sector central, manejando bien la pelota como es su característica, los laterales Rebolledo e Ibacache cruzaron por fin la mitad de la cancha y hubo alguna presencia en el área de Guerra y Morales. Faltaba tan solo que Dávila se metiera en el partido.

El problema es que cada vez que Brasil recuperaba la pelota y se lanzaba al ataque, la defensa chilena hacía agua por todos lados.Especialmente con las paredes de Pedrinho y Paulinho, rápidos y habilidosos como es una característica de los atacantes brasileño.

PENAL PARA CHILE

Ya Morales había llegado con mucha facilidad por el sector derecho. El delantero de Colo Colo encaraba y pasaba. Incluso, un remate suyo desde la derecha paso muy cerca de uno de los postes del arco de Cleiton.

Y a los 35´en una rápida salida en contragolpe del equipo chileno, Araos abrió la pelota hacia la derecha y el delantero albo volvió  a ganar en velocidad, llegó hasta la linea de fondo y su centro atrás fue empalmado por Guerra. La pelota llevaba destino de gol, pero se interpuso el brazo derecho de Ibañez. El árbitro no titubeó y sancionó el penal.

Dávila, que había intervenido muy poco hasta ese minuto, pidió el balón y con clase derrotó a Cleiton.

Uno a uno y premio a la reacción de Chile.Ah y el gol fue un incentivo para Dávila, que a partir de ese minuto comenzó a transformarse en figura. Tuvo una salida a lo crack en una esquina de su área y poco después, en la última jugada del partido, exigió a Cleiton con un derechazo alto que motivó una gran intervención de Cleiton.Ver imagen en Twitter

DE VUELTA, DOS REGALOS

El segundo tiempo había comenzado con características similares a la etapa anterior.

Sin embargo, de la manera menos pensada cayó de la nada el segundo gol de Brasil. Una pelota fácil, sin complicaciones que tenía la defensa chile y – valga la redundancia- se complicaron solos.

Comenzaron a tocar lateralmente a la entrada de su propia área y Cunha se avivó para cortar una pelota que Suazo pretendió jugar hacia Ibacache. Eso y mandar la pelota a la red fue cosa inmediata y Brasil se ponía nuevamente en ventaja.

En un intento por ver a otros jugadores, Bernardo Redín manó a la cancha a Valencia (U Católica) y Lobos. Sorpresivamente se fueron Dávila y Guerra, especialmente llamó la atención lo del “mexicano” que había terminado muy bien el primer tiempo.

Y si el segundo gol brasileño había sido un regalo, el tercero no le fue en zaga: otra pelota que tenía dominada la defensa chilena y que perdió tontamente el Nico Diaz en la salida. Se le adelantó el balón, esto lo aprovechó Antony, se hizo de la pelota, levantó la vista y la puso arriba, dejando sin chance a Collao.

COMBOS VAN, COMBOS VIENE

Cuando Chile insinuaba una reacción, especialmente por los desbordes del ingresado Cavaleri (Curicó Unido) y porque un tiro libre de Lobos exigió al arquero, que tuvo la suerte de encontrarse con la pelota ante el rebote que cabeceó Valencia en el área chica, vino el manchón del partido.

Ibacache cometió una dura falta contra un delantero brasileño y se le vinieron encima todos los compañeros del jugador caído. El defensor de Cobreloa no arrugó y repartió combos para todos lados. Hasta que lo agarró el gigantón Lyanco, lo tomó en brazos y lo tiró al suelo como si lo lanzara a una piscina. Los dos para afuera. Y hubo varios más que también pudieron recibir la tarjeta roja.

Fue lo último que pasó, las aguas se calmaron y se mantuvo el 3-1 en favor de Brasil.

Resultado justo, que puede estimarse como un premio para la efectividad de los “garotos” brasileños y el excelente nivel que mostraron en la primera media hora de juego.

Y castigo para Chile que se consumió en sus propios errores, desvirtuando así todo lo bueno que hizo en la última mitad del primer tiempo. En ese lapso mostró juego y figuras como para abrigar la esperanza de una buena actuación en los Preolímpicos del 2020.

/por Gerardo Ayala Pizarro