Más allá de la enorme trascendencia que tuvo para la U la derrota ante Colo Colo, en el plantel y el cuerpo técnico asumen que buena parte del futuro del equipo en el campeonato comenzará a jugarse a partir de la fecha siguiente. Más específicamente desde el 17 de octubre, cuando el conjunto dirigido por Caputto reciba a Iquique, otro cuadro que se encuentra en el fondo de la tabla, en el Estadio Nacional en la fecha 24.

Desde aquel día y hasta el domingo 10 de noviembre, que es cuando el torneo se paraliza hasta el 30 de noviembre (primero por la fecha FIFA del 16 de noviembre y luego por la final de la Copa Libertadores del 23 del mismo mes), la U jugará cinco compromisos por el campeonato, cuatro de ellos como local. Serán en total 24 días a puro estrés para los fanáticos azules. Incluyendo el duelo ante los nortinos, el fixture además le depara otros tres partidos en el Estadio Nacional, con el aliciente que enfrentará a otros cuadros comprometidos con la lucha por el descenso: Everton (21 de octubre) y la Universidad de Concepción (10 de noviembre). El restante será ante O’Higgins el 3 de noviembre, mientras que la única salida de Santiago será a Talcahuano para enfrentar a Huachipato (27 de octubre).

Para el cierre del torneo, el equipo de Caputto tendrá que visitar a Curicó y Cobresal en semanas consecutivas. Por eso la trascendencia que suponen aquellos compromisos como local para intentar asegurar la permanencia con antelación, siempre y cuando puedan ganar sus encuentros.

“Es cierto que después de lo del sábado ante Palestino todos quedamos muy golpeados, pero también sabemos que dependemos de nosotros para seguir en Primera. Y eso de algún modo nos tranquiliza. Lógicamente que todos queremos ganarle a Colo Colo, pero la permanencia la definimos en las finales que tenemos en el Nacional”, expresan desde el CDA, donde reconocen que es imposible solo pensar en el superclásico sin estar mirando lo que ocurre con los otros equipos que están en el fondo.

Claro que jugar en el Nacional ante rivales directos por la permanencia no le garantiza nada a la U. Su campaña como local en el campeonato es incluso peor que la que consiguió en 1988 cuando descendión. En este 2019 jugó 11 partidos y apenas ganó dos. El resto se reparte en siete empates y dos derrota. Un rendimiento que ni siquiera el 40 por ciento. Justamente son esos números los que condicionan el optimismo en algunos futbolistas azules de cara al cierre de la campaña. “Esto, ojalá me equivoque, será la tónica hasta fin de año. Hay un grupo que peleará el descenso fecha a fecha. Es una larga carrera, más bien una maratón. Ojalá podamos salir, pero será difícil”, expresó el sábado Jean Beausejour tras la caída ante Palestino.

Por lo pronto, la dirigencia de Azul Azul ya consiguió que todos esos partidos como local se jueguen en Ñuñoa, pese a que en algún momento estuvo en duda la localía en Ñuñoa. Ahora, habrá que ver si el equipo logra revertir la tendencia negativa siendo dueño de casa para salir del mal momento que los complica. El Nacional, tal como en 1988, será testigo del desenlace de una campaña que puede quedar otra vez en la historia negra de la U.

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