Juan Becerra: Ayudar a la suerte

Hay que ganar por un gol. El plan para lograrlo debería ser un poco más eficaz que el de este 2 a 2 donde Boca no pudo desembarazarse del control de River ni sostener dos veces un resultado ventajoso, hallado por sus goleadores contra la corriente negativa del juego del equipo.

Desde el primer momento (desde que Gallardo es técnico) se sabía que los volantes de River recibirían la pelota entre líneas para dejar pagando los retenes de Barrios y Nández y llegar al área rival con la facilidad aterradora con que lo hicieron, descargando sobre los laterales o el retroceso de los delanteros.

Desorientado en su estatismo, Boca luchó contra seis o siete fantasmas móviles a los que sólo podía localizar mirándoles las nucas. La mala noticia de estar defendiendo al límite no obtuvo la reacción esperada para revertirla. Guillermo estaba como embalsamado en el banco y el equipo vagaba detrás de la pelota como quien corre la liebre. Cuando la conseguía se dedicaba a los pelotazos o a montar un verdadero showroom de imprecisiones. Si hubo dos goles a favor

Boca dejó pasar el primer tren de las finales. No supo tener la pelota, ni quitarla. Pero mirando el vaso medio vacío como si estuviera medio lleno, se puede dar crédito a una realidad que todavía no pasó. Ocurrirá en el Monumental el 24 de noviembre, cuando ojalá se borren los enredos de este empate.

Gol de Wanchope: Armani no pudo contener el disparo

Gol de R. Ábila (B). Boca 1 – River 0. Final (Ida). Copa Libertadores 2018. Video: FOX Sports Premium.

Con la cabeza de River servida dos veces en bandeja, hubo un momento al borde de la inmolación, cuando en el segundo tiempo Boca buscó el 3 a 1 dejando espacios mortales a sus espaldas. ¿Qué necesidad había de asumir semejante riesgo? ¿No tenía más sentido, acaso, cuidar el resultado a favor y esperar la chance de atacar contra el desorden del rival una vez que entrara en estado de desesperación? ¿Es común hacer un gol y recibir otro cuando el rival saca del medio? ¿Es normal boludear así en un superclásico (o más que eso, en un Súper convertido nada más y nada menos que en la final de la Libertadores)?

Con las guerras táctica y de nervios perdidas, Boca no supo capitalizar la guerra de la suerte, la única que estaba ganando. Descreído de su propia fortuna, quiso refrendar los goles sueltos con los méritos que el juego no le estaba dando, sin flexibilidad para comprender que a la suerte también hay que ayudarla.

Darío Benedetto le da el segundo a Boca justo antes del entretiempo
/Columna de Juan Becerra, periodista de Olé ligado a Boca Junior
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