La recuperación de una persona con problemas de consumo de drogas no termina cuando deja de consumir. Es un proceso que involucra cambios físicos, psicológicos, familiares y sociales, en el que recuperar la confianza, establecer rutinas y reconstruir vínculos puede resultar tan importante como el tratamiento clínico.
En ese escenario, el deporte y la actividad física han adquirido un papel complementario en los programas de rehabilitación. Caminar, correr, practicar fútbol, realizar ejercicios de fuerza o participar en actividades grupales son algunas de las alternativas que pueden ayudar a mejorar la condición física y favorecer el bienestar emocional de quienes atraviesan un proceso de recuperación.
En Chile, esta perspectiva representa una oportunidad para ampliar las herramientas terapéuticas disponibles, especialmente en personas que enfrentan dificultades de integración social, sedentarismo, aislamiento y problemas de salud asociados al consumo prolongado de sustancias.
Sin embargo, los especialistas advierten que el deporte no reemplaza la atención médica ni psicológica: su aporte es mayor cuando se incorpora a un tratamiento integral, individualizado y supervisado.
Una experiencia concreta en Chile: equilibrio, coordinación y recuperación
Uno de los antecedentes más recientes se encuentra en la Región de Valparaíso, donde el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) comenzó a implementar, en octubre de 2026, el proyecto Equilibrio en Movimiento: Balance corporal y neurodesarrollo en procesos de recuperación.
La iniciativa contempla una inversión superior a los 23 millones de pesos, financiados por el Gobierno Regional de Valparaíso, mediante el Fondo de Vinculación con la Comunidad 8% FNDR 2026.
El programa incorpora ejercicios de equilibrio, coordinación y movimiento corporal para estimular capacidades como la concentración, la memoria de trabajo, la planificación y el control de las emociones.
La intervención considera talleres grupales en centros de tratamiento de la red SENDA/MINSAL, con participación técnica de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.
Pedro Martínez Muñoz, director regional subrogante de SENDA Valparaíso, explicó que el objetivo es ampliar las herramientas terapéuticas disponibles.
«La recuperación no solo implica abordar el consumo problemático de sustancias, sino también desarrollar capacidades para la vida, fortalecer la confianza, construir autonomía y generar nuevas formas de relacionarse con uno mismo y con el entorno».
Por su parte, Luis Gómez, director de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, destacó el aporte del movimiento corporal como complemento de los procesos terapéuticos.
Esta experiencia refleja un cambio de enfoque: la rehabilitación no se limita a controlar el consumo, sino que busca recuperar habilidades personales, autonomía y participación social.
Testimonios: cuando el deporte abre una nueva oportunidad
Las experiencias de personas que han atravesado procesos de rehabilitación permiten comprender la dimensión social y emocional de estas iniciativas.
Karate como herramienta de reinserción social
Uno de los antecedentes fue documentado en Copiapó, en 2018, mediante el programa Salud, mente y karate, desarrollado en el Club Deportivo Shotokan.
La iniciativa entregó 40 cupos gratuitos a jóvenes vinculados a programas de SENDA y SENAME, quienes participaron en clases de acondicionamiento físico y karate.
Francisco, de 21 años, describió el significado que tuvo esta oportunidad: «Es un programa que rescata a varios niños que están vulnerables en las calles; es una distracción para salir de la rutina, dejar de estar parado en la esquina y tirar para arriba».
El testimonio muestra cómo una actividad deportiva puede convertirse en una alternativa para ocupar el tiempo libre, establecer compromisos y relacionarse con otras personas en un entorno estructurado.
En la misma iniciativa, el instructor Mauricio Farías explicó que buscaban extender las oportunidades deportivas a jóvenes que enfrentaban situaciones de vulnerabilidad.
El fútbol calle y la reconstrucción de un proyecto de vida
Otro antecedente fue publicado en agosto de 2013, a partir de la experiencia de Carlos Guzmán, quien había enfrentado durante más de seis años un consumo problemático de cocaína.
El joven relató que su situación llegó a afectar profundamente sus relaciones familiares y su estabilidad personal. Después de ingresar a un programa de rehabilitación, encontró en el fútbol calle una oportunidad para recuperar la motivación y proyectarse hacia el futuro.
«Yo quise cambiar por mí, por mi hija, mi pareja y mis padres».
En su relato, el deporte aparece como una motivación adicional dentro de un proceso de rehabilitación que ya estaba en marcha. No se trata de una demostración de que el fútbol por sí solo produzca la recuperación, sino de un ejemplo de cómo una actividad significativa puede ayudar a reconstruir objetivos personales y vínculos sociales.
La recuperación también necesita acompañamiento profesional
En Antofagasta, SENDA publicó en agosto de 2024 los testimonios de usuarios que finalizaron un proceso terapéutico de aproximadamente ocho meses en el Programa Ambulatorio Intensivo del COSAM Central.
Uno de los participantes describió el impacto del tratamiento: «Para mí el PAI fue la ventana por la cual yo pude acceder para salir adelante y mirar con otros ojos la vida».
El psicólogo Jimmy Velásquez, coordinador del programa, destacó la importancia de generar confianza entre los pacientes y los profesionales para favorecer la adherencia al tratamiento.
Este antecedente permite comprender un aspecto fundamental: el deporte puede contribuir a la recuperación, pero necesita integrarse a una red de atención que incluya acompañamiento psicológico, intervención clínica y apoyo familiar.
¿Qué dice la evidencia médica sobre el ejercicio y las adicciones?
La relación entre actividad física y recuperación de las adicciones también ha sido estudiada mediante investigaciones científicas. Los resultados muestran beneficios potenciales en diferentes dimensiones de la salud, aunque todavía existen limitaciones para establecer cuánto influye directamente el ejercicio en la abstinencia a largo plazo.
Una revisión sistemática publicada en noviembre de 2024, en la revista científica Addictive Behaviors, analizó el efecto del ejercicio físico sobre los deseos intensos de consumir drogas, conocidos como craving.
La investigación concluyó que las intervenciones basadas en ejercicio eran factibles y aceptables para personas con dependencia de sustancias y que podían contribuir a disminuir esos deseos. También observó que el ejercicio aeróbico parecía tener mejores resultados que el entrenamiento de resistencia en este ámbito.
Otro antecedente relevante es un metaanálisis publicado en 2026, que incluyó 33 artículos científicos y 2.922 participantes.
La investigación comparó diferentes modalidades de ejercicio y sus efectos sobre la salud de personas con trastornos por consumo de sustancias. Entre sus principales resultados identificó:
- Ejercicio aeróbico: presentó ventajas en indicadores de salud fisiológica.
- Ejercicio cuerpo-mente: mostró resultados favorables en calidad del sueño.
- Salud mental: se observaron beneficios potenciales asociados a determinadas modalidades de actividad física.
- Función cognitiva: algunas intervenciones mostraron resultados positivos en capacidades relacionadas con el funcionamiento mental.
Los investigadores plantearon que el tipo de ejercicio, su frecuencia y duración son factores relevantes para diseñar intervenciones individualizadas.
¿Por qué el ejercicio puede ayudar durante la rehabilitación?
Desde el punto de vista médico, la actividad física puede intervenir en distintos aspectos afectados por el consumo problemático de sustancias.
1. Recuperación de la salud física
El ejercicio contribuye a mejorar la capacidad cardiovascular, la fuerza muscular, la resistencia y la movilidad, aspectos que pueden deteriorarse durante períodos prolongados de consumo y sedentarismo.
2. Bienestar psicológico
La actividad física puede favorecer la regulación del estado de ánimo, disminuir el estrés y mejorar la percepción de bienestar. Estos beneficios pueden ser especialmente relevantes durante períodos de adaptación a una vida sin consumo.
3. Regulación del sueño
Los problemas de sueño son frecuentes durante los procesos de recuperación. La actividad física regular puede contribuir a mejorar los hábitos de descanso, aunque sus efectos dependen de la persona y de las características de la intervención.
4. Construcción de hábitos saludables
Participar en entrenamientos y actividades programadas ayuda a establecer horarios, responsabilidades y objetivos. La continuidad puede favorecer la organización de la vida cotidiana.
5. Reinserción social
Los deportes colectivos permiten desarrollar habilidades de comunicación, cooperación y respeto por las normas. También pueden generar nuevas redes de apoyo fuera de los ambientes asociados al consumo.
Los riesgos de incorporar deporte sin supervisión
Aunque los beneficios son relevantes, las personas en rehabilitación pueden presentar condiciones físicas y psicológicas que requieren atención particular.
La intensidad del entrenamiento debe adaptarse a la historia clínica, el estado cardiovascular, la condición física y la etapa del tratamiento.
Entre las principales precauciones se encuentran:
- Evitar exigencias físicas excesivas durante las primeras etapas de recuperación.
- Evaluar posibles enfermedades cardiovasculares y otros problemas médicos.
- Considerar síntomas de abstinencia y eventuales complicaciones asociadas al consumo.
- Evitar ambientes deportivos competitivos que puedan generar frustración, ansiedad o discriminación.
- Mantener el acompañamiento psicológico y médico.
El ejercicio tampoco debe utilizarse como sustituto de medicamentos, psicoterapia u otros tratamientos indicados por profesionales de salud.
Chile y el desafío de incorporar el deporte a las políticas de rehabilitación
La experiencia de Valparaíso, Copiapó y Antofagasta muestra distintas formas de integrar actividades físicas, recreativas y terapéuticas en los procesos de recuperación.
Sin embargo, uno de los desafíos pendientes es ampliar el acceso a estas iniciativas, especialmente en comunidades vulnerables, jóvenes con dificultades de reinserción y personas que viven en sectores donde existen pocas alternativas deportivas gratuitas.
Para avanzar, resulta importante fortalecer la colaboración entre SENDA, el Ministerio de Salud, los municipios, las universidades y las organizaciones deportivas.
También se necesitan investigaciones realizadas en Chile que permitan medir los resultados de estos programas, considerando indicadores como permanencia en tratamiento, calidad de vida, salud mental, actividad física y recaídas.
Una herramienta para recuperar mucho más que la salud física
La rehabilitación de las adicciones es un proceso que requiere tiempo, acompañamiento y oportunidades para reconstruir un proyecto de vida.
En ese camino, el deporte puede representar mucho más que una actividad recreativa. Puede convertirse en un espacio para recuperar la confianza, establecer nuevas relaciones, desarrollar disciplina y descubrir capacidades que permanecían relegadas.
Los testimonios recogidos en Chile muestran que estas oportunidades pueden tener un significado importante para quienes enfrentan procesos de recuperación. La evidencia médica, por su parte, respalda la incorporación del ejercicio como complemento terapéutico, aunque todavía se requieren estudios más sólidos sobre sus efectos en la abstinencia sostenida.
El desafío para el sistema de salud chileno es avanzar hacia programas integrales donde la atención clínica, la salud mental, el acompañamiento familiar y el deporte trabajen de manera coordinada.
Porque rehabilitar no significa solamente abandonar una sustancia: también implica recuperar la salud, los vínculos y la posibilidad de construir un futuro.
Pronto, en Estudio Estadio: “El Deporte como eje social de Inclusión, Salud y Rehabilitación”

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