La selección argentina selló su boleto a la ronda de los cuatro mejores del Mundial con más sufrimiento del esperado. En la ciudad de Kansas City, el combinado Albiceleste logró imponerse por 3-1 ante Suiza durante la prórroga. Tras este exigente compromiso, el equipo ahora deberá prepararse para chocar contra Inglaterra en un duelo crucial por el pase a la gran definición de Norteamérica 2026.
Corazón vs. funcionamiento
El avance de los dirigidos por Lionel Scaloni ha estado impulsado por el amor propio más que por la claridad futbolística. Ante los británicos, se anticipa que el factor anímico será clave, especialmente por la carga histórica que arrastra este clásico, donde siempre flota el recuerdo del emblemático partido de México ‘86 y las secuelas de la Guerra de las Malvinas. No obstante, si se analiza el juego colectivo, queda en evidencia que la entrega física podría quedarse corta cuando toque enfrentar a potencias de primera línea.
Esta preocupación se respalda en el bajo nivel mostrado por el campeón defensor en los duelos de eliminación directa. Pese a llegar como el claro candidato en la previa de cada cruce, a los vigentes monarcas mundiales les ha costado replicar la solvencia que los coronó en Qatar, sufriendo en demasía para superar a oponentes en los papeles más accesibles.
Un camino sin precedentes
De hecho, el trayecto de Argentina hacia las semifinales cuenta con una particularidad estadística inédita: es el primer seleccionado en la historia de los mundiales que se mete entre los cuatro mejores sin haber chocado contra un rival ubicado dentro del Top 15 del ranking FIFA. Aun con ese panorama favorable, combinados como Cabo Verde, Egipto y Suiza consiguieron ponerlos contra las cuerdas, exigiéndoles un desgaste físico y mental fuera de todo cálculo.
De la tranquilidad al sufrimiento absoluto
La aventura comenzó bajo un manto de calma en la fase grupal, donde sumaron victorias sin contratiempos frente a Argelia (28º), Austria (24º) y Jordania (63º). Sin embargo, esa paz se terminó de golpe en los dieciseisavos de final. La humilde escuadra de Cabo Verde (67º), en su debut absoluto, expuso las grietas del gigante sudamericano al estirar el partido hasta el tiempo suplementario, donde el gol del alivio argentino se gritó recién a los 110′ de juego.
El drama aumentó en los octavos de final, coqueteando seriamente con la eliminación. Argentina se vio abajo en el marcador por 2-0 ante Egipto, teniendo que apelar a la mística para concretar una ráfaga heroica de tres anotaciones en solo 13 minutos. Aquel encuentro, además, estuvo marcado por decisiones referiles envueltas en la controversia que terminaron beneficiando a los sudamericanos.
La tónica se repitió en la llave de cuartos de final frente a los helvéticos. Aunque la Albiceleste pegó primero, perdió el control del juego, cedió el empate y terminó siendo superada en la cancha. El escenario cambió radicalmente gracias a la expulsión de Breel Embolo, una tarjeta roja que rescató del colapso a los de Scaloni. A pesar de la inferioridad numérica, los europeos resistieron con hidalguía y arrastraron el desenlace a otra prórroga, donde el gol de la victoria definitiva llegó de forma agónica a los 112′. Un tránsito al límite que enciende las alarmas de cara al inminente choque ante los ingleses.
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