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El corazón en reposo también alerta sobre el riesgo de accidente cerebrovascular

Un nuevo análisis científico presentado en 2026 durante la Conferencia de la Organización Europea de Ictus (ESOC), realizada en Maastricht, Países Bajos, cuestiona una idea ampliamente extendida: que una frecuencia cardíaca baja en reposo siempre es sinónimo de buena salud cardiovascular.
La investigación, desarrollada por especialistas del Imperial College de Londres, examinó datos de cerca de 460.000 personas del Biobanco del Reino Unido durante un seguimiento de más de catorce años. En ese período se registraron 12.290 accidentes cerebrovasculares (ACV), permitiendo detectar un patrón que sorprendió a los investigadores.
Según los resultados, el riesgo de sufrir un ictus aumenta tanto en personas con frecuencias cardíacas inferiores a 50 latidos por minuto como en aquellas que superan los 90 latidos por minuto. El nivel considerado más seguro se ubicó entre 60 y 69 lpm.
“El menor riesgo se encontró en frecuencias entre 60 y 69 latidos por minuto, y aumentó en ambos extremos”, explicó Dexter Penn, investigador principal del estudio.
Los datos muestran que quienes tienen una frecuencia cardíaca igual o superior a 90 lpm presentan un 45 % más de riesgo de ACV. En contraste, quienes registran menos de 50 lpm tienen un incremento del 25 % en comparación con el rango considerado normal.
Los especialistas remarcaron que esta relación se mantuvo incluso después de considerar otros factores como edad, hipertensión, diabetes o antecedentes de fibrilación auricular.
Para los investigadores, el hallazgo revela una “curva en U”: el riesgo disminuye en valores intermedios, pero vuelve a elevarse cuando el pulso es demasiado bajo o demasiado alto.
“La relación no es tan lineal como parece”, sostuvo Penn, quien indicó que la idea tradicional de asociar únicamente las pulsaciones elevadas con mayor riesgo cardiovascular resulta incompleta.
Otro de los puntos destacados del trabajo es que la asociación entre frecuencia cardíaca y ACV fue más evidente en personas sin fibrilación auricular, una arritmia que por sí sola incrementa considerablemente la posibilidad de sufrir un accidente cerebrovascular.
Alastair Webb, coautor del estudio y profesor asociado de medicina del ictus en el Imperial College de Londres, señaló que “la frecuencia cardíaca en reposo es una medición simple y ampliamente disponible que merece mayor atención en la evaluación del riesgo cardiovascular”.
De acuerdo con los científicos, las pulsaciones extremadamente bajas estuvieron especialmente relacionadas con los ictus isquémicos, provocados por la interrupción del flujo sanguíneo al cerebro. Una posible explicación es que los intervalos más largos entre latidos reduzcan la circulación en vasos cerebrales pequeños, favoreciendo la formación de bloqueos.
En cambio, las frecuencias elevadas se asociaron tanto con ACV isquémicos como hemorrágicos. Los expertos consideran que un ritmo cardíaco acelerado podría generar mayor presión sobre las paredes de los vasos sanguíneos, aumentando así el riesgo de obstrucciones o hemorragias.
La investigación también abrió la puerta a nuevas estrategias de prevención. Los autores sostienen que controlar la frecuencia cardíaca en reposo podría convertirse en una herramienta sencilla y accesible para detectar personas con mayor riesgo cardiovascular.
“Las frecuencias cardíacas muy bajas o muy altas deberían alertar a los médicos a analizar de forma más detallada el riesgo cardiovascular global y reforzar las estrategias de prevención”, concluyó Webb.
Por su parte, Sanskriti Mishra, profesora asistente de neurología en la Hackensack Meridian School of Medicine de Nueva Jersey, destacó la relevancia clínica del hallazgo: “La frecuencia cardíaca en reposo es fácil de medir y puede ayudar a identificar el riesgo cardiovascular en pacientes en ambos extremos”.
@EstudioEstadio











