La actividad física busca ganar terreno en la lucha contra la obesidad infantil y juvenil en Chile. Con cifras que reflejan la magnitud del problema, iniciativas escolares y nuevas políticas públicas apuntan a transformar el deporte en una herramienta de prevención, inclusión social y bienestar para niños, niñas y adolescentes.
La obesidad infantil y juvenil se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en Chile. Frente a este escenario, el ejercicio físico y la práctica deportiva aparecen como alternativas fundamentales, no solamente para prevenir enfermedades, sino también para fortalecer la autoestima, promover la integración y generar espacios de participación entre estudiantes de distintas realidades sociales.
El desafío es importante. De acuerdo con el Mapa Nutricional 2024 de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), el 50,9% de los estudiantes evaluados presentaba malnutrición por exceso, una categoría que considera sobrepeso, obesidad y obesidad severa. La cifra representó un incremento respecto del 50% registrado durante 2023.
El estudio, cuyos resultados fueron presentados el 3 de abril de 2025, consideró más de 700 mil respuestas de estudiantes de prekínder, kínder, primero básico, quinto básico y primero medio. Uno de los datos que genera mayor preocupación es que tres de cada cinco estudiantes de quinto básico presentaban malnutrición por exceso.
Estas cifras reflejan que la respuesta no puede limitarse a las consultas médicas o a las recomendaciones alimentarias. También resulta necesario construir entornos donde el movimiento, el juego y el deporte formen parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
El deporte como herramienta de salud e integración social
La práctica deportiva tiene beneficios que van más allá de la condición física. Participar en actividades grupales permite desarrollar habilidades sociales, fortalecer vínculos, mejorar la coordinación y generar un sentido de pertenencia.
En el contexto de la obesidad infantil, esta dimensión adquiere especial importancia. Los programas deportivos inclusivos pueden ofrecer espacios donde todos los estudiantes participen sin importar su condición física, peso, habilidades o situación socioeconómica.
El objetivo no debe centrarse exclusivamente en bajar de peso, sino en promover hábitos saludables, mejorar la calidad de vida y evitar la discriminación asociada a la apariencia corporal.
La actividad física también contribuye al bienestar psicológico. La práctica regular puede favorecer el descanso, la autoestima y la salud mental, además de ayudar a reducir el sedentarismo.
En esa línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que niños y adolescentes de entre 5 y 17 años realicen un promedio de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa a lo largo de la semana.
Caminar, correr, andar en bicicleta, bailar, nadar, jugar fútbol o participar en actividades recreativas son algunas de las alternativas que permiten alcanzar estos objetivos.
Chile avanza hacia los 60 minutos diarios de actividad física en los colegios
Uno de los principales avances en esta materia se produjo con la promulgación de la Ley N.º 21.778, publicada en el Diario Oficial el 25 de noviembre de 2025.
La normativa establece que los establecimientos educacionales deberán promover al menos 60 minutos diarios de actividad física, complementarios a las clases tradicionales de Educación Física.
Su implementación será gradual: comenzará durante el año escolar 2027, desde educación parvularia hasta cuarto básico, y se extenderá en 2028 desde quinto básico hasta cuarto medio.
La iniciativa busca incorporar el movimiento a diferentes momentos de la jornada escolar, incluyendo recreos activos, juegos, actividades pedagógicas y otras instancias de participación.
Durante la promulgación, la entonces ministra de Salud, Ximena Aguilera, destacó la importancia de comprender que el bienestar no depende exclusivamente de la atención médica.
La autoridad señaló: “La salud y el bienestar no se construyen solo con los médicos, sino en las condiciones en que nacemos, nos desarrollamos en la familia, nos educamos y en los ambientes de trabajo”.
Por su parte, el entonces ministro de Educación, Nicolás Cataldo, sostuvo que los 60 minutos diarios pueden contribuir a un cambio cultural y tener efectos positivos en la convivencia escolar y la salud mental.
La normativa también contempla la inclusión de estudiantes con discapacidad y necesidades educativas especiales, un aspecto relevante para garantizar que el acceso al deporte no dependa de las capacidades individuales.
Experiencias escolares: cuando la actividad física se convierte en un hábito colectivo
La integración del deporte en las comunidades educativas ya cuenta con experiencias concretas en Chile.
Una de ellas es el proyecto Escuelas+Saludables, desarrollado por la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y la Universidad del Desarrollo (UDD) en establecimientos del Servicio Local de Educación Pública Gabriela Mistral, en las comunas de La Granja, Macul y San Joaquín.
La iniciativa busca promover entornos escolares saludables mediante acciones relacionadas con la alimentación, el ejercicio y la participación de las comunidades educativas.
El investigador Tito Pizarro, director del proyecto, explicó los avances de esta experiencia en una jornada regional realizada en julio de 2025.
Entre los resultados observados destacó la incorporación de pausas activas por parte de los docentes y la realización de recreos con mayor movimiento, incluso sin la presencia permanente del equipo investigador.
En sus palabras: “Las y los docentes están aplicando pausas activas sin necesidad de nuestra presencia. Los recreos son activos y los contenidos sobre alimentación y actividad física se integran en asignaturas como lenguaje y matemáticas”.
La investigadora Ana Piñeiro, de la Universidad del Desarrollo y directora alterna del proyecto, también destacó medidas como la instalación de bebederos de agua, la promoción del consumo de frutas y la utilización de actividades recreativas para fomentar colaciones saludables.
La experiencia demuestra que el combate contra la obesidad infantil puede convertirse en una tarea compartida entre profesores, estudiantes, familias, profesionales de la salud e instituciones deportivas.
El desafío de reducir las brechas sociales a través del deporte
La posibilidad de practicar actividad física no es igual para todos los niños y adolescentes.
Mientras algunos cuentan con infraestructura deportiva, clubes, espacios recreativos y apoyo familiar, otros enfrentan dificultades relacionadas con la falta de tiempo, recursos económicos, seguridad en sus barrios o acceso a instalaciones adecuadas.
Esta desigualdad también influye en las oportunidades para desarrollar hábitos saludables.
Los resultados del Mapa Nutricional 2024 de JUNAEB muestran diferencias socioeconómicas relevantes: los estudiantes pertenecientes al 40% más vulnerable de la población alcanzaron un 51,6% de malnutrición por exceso en los niveles evaluados.
Por eso, impulsar talleres gratuitos, recuperar espacios públicos, mejorar los patios escolares y fortalecer las actividades deportivas comunitarias son medidas que pueden ayudar a disminuir las brechas de acceso.
El deporte también puede transformarse en un espacio de encuentro entre niños de diferentes nacionalidades, culturas y condiciones sociales, favoreciendo la convivencia y el trabajo en equipo.
¿Qué actividad física necesitan los niños y adolescentes?
No todos los menores tienen los mismos intereses ni las mismas capacidades físicas. Por eso, los especialistas recomiendan promover actividades acordes con la edad, las preferencias y las condiciones de salud de cada persona.
Entre las alternativas se encuentran:
- Fútbol y básquetbol: favorecen el trabajo en equipo, la coordinación y la participación grupal.
- Natación: permite desarrollar resistencia y coordinación mediante ejercicios de bajo impacto.
- Bicicleta y caminatas: facilitan la incorporación del movimiento a las actividades cotidianas.
- Baile y actividades recreativas: ofrecen alternativas entretenidas para quienes no se sienten identificados con los deportes tradicionales.
- Juegos al aire libre: contribuyen al desarrollo motor y permiten compartir con otros niños.
La recomendación es evitar que el ejercicio se convierta en un castigo o una obligación asociada exclusivamente al peso corporal. La actividad física debe ser progresiva, segura, entretenida y adaptada a las necesidades de cada niño.
Una responsabilidad compartida entre familias, colegios y autoridades
La lucha contra la obesidad infantil y juvenil requiere una estrategia integral. El deporte es una herramienta importante, pero debe complementarse con una alimentación equilibrada, descanso adecuado, controles de salud y reducción del sedentarismo.
Las familias cumplen un papel fundamental mediante actividades cotidianas como caminar juntos, salir en bicicleta, jugar al aire libre y limitar los períodos prolongados frente a las pantallas.
Los establecimientos educacionales, por su parte, tienen la posibilidad de transformar sus espacios en lugares donde el movimiento y la convivencia sean parte de la formación diaria.
Chile cuenta con una nueva legislación que busca avanzar en esa dirección, pero su impacto dependerá de la implementación, los recursos disponibles y la participación de las comunidades.
El desafío no es solamente combatir la obesidad, sino garantizar que todos los niños, niñas y adolescentes tengan las mismas oportunidades de jugar, practicar deporte, compartir y desarrollarse saludablemente. En ese camino, el ejercicio puede convertirse en una herramienta de integración social y una inversión en la salud de las futuras generaciones.
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