Dormir apenas unos minutos más cada noche, junto con pequeños cambios en la actividad física y la alimentación, podría marcar una diferencia relevante en la salud del corazón. Así lo indica un reciente estudio publicado el 24 de marzo de 2026 en la revista European Journal of Preventive Cardiology, que analizó a más de 53.000 adultos del Reino Unido durante un período de ocho años.
La investigación, impulsada por científicos de la Universidad de Sídney en colaboración con equipos de Chile y Brasil, encontró que ajustes modestos pero constantes en la rutina diaria pueden reducir hasta en un 10% el riesgo de sufrir un infarto o accidente cerebrovascular. El informe fue difundido por la European Society of Cardiology.
Pequeños cambios, gran impacto
Los resultados muestran que sumar 11 minutos de sueño por noche, añadir 4,5 minutos diarios de actividad física moderada o intensa —como caminar rápido o subir escaleras— y consumir unos 50 gramos adicionales de verduras al día tiene un efecto acumulativo significativo en la salud cardiovascular.
Según los investigadores, estos cambios son más fáciles de mantener en el tiempo que transformaciones drásticas, lo que aumenta su impacto real en la población general.
Beneficios mayores al combinar hábitos
El estudio también identificó que quienes logran optimizar simultáneamente varios aspectos de su estilo de vida obtienen beneficios aún mayores. El perfil más saludable incluye dormir entre ocho y nueve horas diarias, realizar al menos 42 minutos de actividad física al día y seguir una dieta rica en verduras, frutas, pescado y cereales integrales.
En estos casos, el riesgo de enfermedades cardiovasculares puede reducirse hasta en un 57%, en comparación con personas con hábitos menos saludables.
Opinión de expertos
El investigador principal, Nicholas Koemel, señaló que “combinar pequeños cambios en distintas áreas de la vida logra un impacto positivo notable en la salud cardiovascular”. Además, destacó que “estos ajustes son más alcanzables y sostenibles para la mayoría de las personas”.
Por su parte, Emmanuel Stamatakis, también participante del estudio, anunció que trabajan en herramientas digitales para facilitar la adopción de hábitos saludables a largo plazo.
En la misma línea, la cardióloga Emily McGrath, de la British Heart Foundation, afirmó que “no se requieren grandes transformaciones para mejorar la salud del corazón; pequeños cambios pueden tener un efecto real”.
Un estudio con matices
Los autores aclaran que se trata de un estudio observacional, por lo que no establece una relación causal directa. Sin embargo, sí evidencia una asociación consistente entre la mejora conjunta de hábitos y la reducción del riesgo cardiovascular.
En conclusión, la evidencia refuerza una idea clave: incorporar pequeños cambios sostenidos en el tiempo puede ser suficiente para generar beneficios reales en la salud, sin necesidad de modificaciones radicales en el estilo de vida.
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