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Ni caminar ni gimnasio: el ejercicio que mejora equilibrio y flexibilidad después de los 65

Un innovador enfoque de entrenamiento físico está ganando respaldo en la comunidad científica por sus beneficios en adultos mayores. Se trata de Animal Flow, una disciplina que promueve la movilidad y la estabilidad en personas mayores de 65 años mediante movimientos inspirados en animales.

A diferencia de los ejercicios tradicionales, este método no requiere máquinas ni equipamiento, lo que permite realizarlo fácilmente en casa. Su base está en el entrenamiento cuadrupedal (QMT), que utiliza el propio peso corporal para fortalecer músculos y articulaciones, al mismo tiempo que mejora la coordinación.

Según publicaciones de la revista Metabolic y la Animal Flow Institution, uno de los principales objetivos de esta práctica es potenciar la propiocepción, es decir, la capacidad del cuerpo de reconocer la posición de sus extremidades en el espacio.

El entrenador estadounidense Jeff Buxton, actual asistente en Columbia University, destacó la efectividad del método, asegurando que los resultados obtenidos son “clínicamente significativos”, incluso por sobre ejercicios convencionales como la caminata.

Estudios difundidos en la publicación especializada The Science Behind Animal Flow evidencian que este sistema mejora la flexibilidad activa y el control neuromuscular, sin generar impacto negativo en las articulaciones. Esto lo convierte en una alternativa especialmente útil para personas con molestias en rodillas o caderas.

Además, la práctica regular permite preparar al cuerpo frente a situaciones de desequilibrio, reduciendo significativamente el riesgo de caídas. Movimientos como el “Beast” pueden activar el core hasta en un 140 % más que ejercicios abdominales tradicionales, fortaleciendo también zonas como muñecas, hombros y tobillos.

Otro de los beneficios destacados es el impacto en la salud cognitiva. La coordinación entre extremidades opuestas estimula la memoria y la agilidad mental, aportando un valor adicional a este tipo de entrenamiento.

De acuerdo con evaluaciones basadas en el test Functional Movement Screen, quienes practican esta disciplina alcanzan niveles de estabilidad superiores al promedio. Esto se debe a que el sistema nervioso aprende a controlar posiciones poco habituales, disminuyendo la probabilidad de lesiones.

El trabajo isométrico, clave en esta metodología, permite mantener posturas exigentes que no se logran con ejercicios como caminar. A esto se suma la complejidad de los movimientos, que según Buxton, requiere solo dos sesiones semanales para generar mejoras visibles en resistencia y movilidad.

Los especialistas coinciden en que la variedad y la dificultad de los ejercicios tienen un impacto más significativo en la salud que la cantidad de actividad física. En este contexto, Animal Flow aparece como una herramienta eficaz para combatir la rigidez y la pérdida de reflejos asociadas al envejecimiento.

El objetivo no es formar atletas, sino entregar recursos para una vida cotidiana más segura. Quienes lo practican reportan mayor confianza al desplazarse, menos temor a caídas y una mejora general en su independencia.

Finalmente, los expertos recomiendan comenzar de manera progresiva, adaptando los movimientos al nivel de cada persona. Aunque no se necesita equipamiento, sugieren contar con la guía de instructores certificados o apoyarse en material especializado para asegurar una ejecución correcta y evitar lesiones.

@EstudioEstadio

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