Numerosas investigaciones recientes respaldan la idea de que la actividad física, en particular cuando es regular y de intensidad moderada, puede fortalecer diversos aspectos del sistema inmunológico humano y contribuir a una mejor defensa contra infecciones y enfermedades, según expertos y evidencia científica revisada.
Evidencia científica respalda el vínculo entre ejercicio e inmunidad
Según una revisión publicada recientemente en la revista Health Information Science and Systems, el ejercicio habitual de intensidad moderada mejora la vigilancia inmunológica, aumenta la producción de anticuerpos y ayuda a equilibrar las respuestas inflamatorias del organismo, lo que puede reducir el riesgo de infecciones bacterianas y virales.
Investigaciones sobre fisiología del ejercicio también han demostrado que la práctica física estimula la circulación de células inmunitarias, como los glóbulos blancos, facilitando su desplazamiento por el cuerpo y su capacidad de detectar amenazas. Esta respuesta, según estudios, puede contribuir a una respuesta más eficiente ante agentes infecciosos.
Además, una publicación del 2025 sobre el impacto del ejercicio en la respuesta a las vacunas sugiere que realizar actividad física moderada antes de la inmunización puede aumentar la producción de anticuerpos y fortalecer la “memoria” inmunológica, un componente clave para la defensa frente a enfermedades como la influenza o el COVID-19.
Expertos destacan beneficios del ejercicio regular
Dr. Jiani Yang, autor principal de un estudio sobre ejercicio y eficacia de vacunas, afirma que la actividad física “no solo influye en las células del sistema inmune, sino que también reduce el estrés crónico y ayuda a mantener un estado inflamatorio equilibrado, elementos esenciales para un sistema inmunológico saludable”.
De forma similar, revisiones de literatura médica señalan que el estilo de vida físicamente activo está asociado con menor inflamación crónica —un factor que, cuando se desregula, puede afectar negativamente la función inmunológica y favorecer enfermedades crónicas.
¿Ejercicio intenso puede tener efectos opuestos?
Pese a los beneficios generales, los especialistas matizan que la relación entre ejercicio e inmunidad no es lineal. Revisiones científicas han observado que el ejercicio excesivamente intenso o prolongado puede provocar un descenso temporal de ciertos parámetros inmunitarios, especialmente si el cuerpo no tiene tiempo suficiente para recuperarse entre entrenamientos.
Este fenómeno ha sido observado principalmente en atletas de alto rendimiento o corredores de larga distancia, donde niveles muy elevados de esfuerzo físico sin recuperación adecuada pueden elevar el riesgo de infecciones respiratorias en días posteriores a la actividad intensa.
Recomendaciones de practicantes de salud
Los expertos en medicina del ejercicio suelen recomendar que al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada —como caminatas rápidas, ciclismo o natación ligera— pueden ofrecer beneficios sostenidos para el sistema inmunológico y la salud general. Esta pauta coincide con hallazgos que muestran una reducción en la incidencia de infecciones en personas activas comparadas con aquellas más sedentarias.
Aunque el ejercicio no “garantiza inmunidad absoluta” frente a todas las enfermedades infecciosas, la acumulación de evidencia científica indica que mantener una rutina física regular es uno de los factores más accesibles y efectivos para apoyar un sistema inmunológico más sólido y equilibrado.
En palabras de los especialistas, “el ejercicio moderado no es solo un complemento de salud: es una estrategia activa para optimizar la respuesta inmunológica, siempre que se combine con descanso, nutrición adecuada y hábitos saludables”.
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