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Niñez, adultez y vejez: claves para gestionar la ansiedad en cada etapa de la vida

La ansiedad se ha consolidado como uno de los principales desafíos de la salud mental a nivel global. Especialistas advierten que, lejos de ser únicamente un problema, también cumple una función adaptativa clave cuando se gestiona de manera adecuada.

El psicoterapeuta Owen O’Kane, en declaraciones a The Guardian, explica que este fenómeno puede entenderse como “la dificultad para tolerar la incertidumbre en la vida cotidiana”. Según detalla, suele activarse frente a situaciones desconocidas o fuera de control, operando como un mecanismo de alerta.

Datos de la Mental Health Foundation indican que cerca de una de cada cinco personas experimenta episodios frecuentes, reflejando la magnitud del fenómeno en la actualidad. A nivel biológico, esta respuesta forma parte del sistema de defensa conocido como lucha, huida o parálisis, fundamental en la evolución humana.

El propio Owen O’Kane vincula esta reacción con su experiencia al crecer en Irlanda del Norte durante un periodo de conflicto, donde la vigilancia constante era necesaria para la supervivencia.

Por su parte, la doctora Sian Williams subraya que no siempre debe verse como algo negativo: “Cuando sentimos que no tenemos el control, la ansiedad nos muestra el peor escenario posible para prepararnos”. En este sentido, puede ayudar a anticipar riesgos y tomar decisiones.

Estrategias para enfrentar la ansiedad según la etapa de la vida

Expertos coinciden en que su manejo requiere enfoques adaptados a cada etapa vital, combinando herramientas psicológicas y hábitos saludables.

Infancia

Durante los primeros años, validar las emociones es fundamental. La especialista Meredith Elkins recomienda “no tratar la ansiedad como un defecto, sino acompañar a los niños en el reconocimiento de sus emociones”. Situaciones como el inicio escolar suelen ser detonantes comunes.

Desde Yale Medicine destacan la efectividad de la terapia cognitivo-conductual y la orientación a padres para ayudar a los menores a diferenciar entre miedos reales e irracionales.

Adolescencia

En esta etapa, comprender y normalizar el mundo emocional resulta clave. Especialistas advierten que muchos jóvenes integran la ansiedad como parte de su identidad, por lo que fomentar el diálogo abierto es esencial.

También recomiendan establecer límites en el uso de redes sociales, debido a su impacto en el aumento del estrés. En algunos casos, el tratamiento puede incluir terapia y apoyo farmacológico bajo supervisión profesional.

Adultez temprana

Las presiones laborales, económicas y sociales marcan esta fase. La doctora Lauren Cook señala que “hábitos como una alimentación equilibrada, el ejercicio y el descanso adecuado son fundamentales para regular la ansiedad”.

Asimismo, destaca la importancia de mantener vínculos sociales fuera del entorno digital y recurrir a terapias como la cognitivo-conductual o prácticas de atención plena.

Edad madura

Conocida como la etapa de la “generación sándwich”, implica cuidar tanto de hijos como de padres mayores. La profesora Aimee Spector y la psicoterapeuta Julia Samuel enfatizan el valor de las redes de apoyo.

Factores hormonales, como la perimenopausia o la disminución de la testosterona, pueden aumentar la vulnerabilidad. “Priorizar el descanso y reducir la autoexigencia es clave en esta etapa”, coinciden.

Edad avanzada

En la vejez, el temor a la pérdida de autonomía y los problemas de salud se vuelven más frecuentes. Expertos recomiendan retomar actividades sociales y hobbies para fortalecer el bienestar emocional.

Julia Samuel destaca herramientas como la escritura y la música: “Permiten procesar emociones y recuperar una sensación de control”.

Cuando la ansiedad se vuelve un problema

Si bien puede ser una aliada, una relación disfuncional con la ansiedad puede llevar a un estado constante de alerta. Owen O’Kane advierte que esto puede hacer que las personas perciban amenazas incluso en situaciones cotidianas.

En esa línea, la doctora Sian Williams señala que evitarla no es la solución: “Intentar eliminar la ansiedad puede intensificarla”.

Los especialistas coinciden en que la clave está en aprender a gestionarla. Mantener hábitos saludables, apoyarse en redes cercanas y, cuando sea necesario, recurrir a terapia, permite reducir su impacto y transformarla en una herramienta útil para enfrentar la incertidumbre de la vida moderna.

@EstudioEstadio

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