Realizar actividad física en condiciones de calor intenso tiene efectos bien documentados sobre el organismo, desde la reducción del rendimiento hasta riesgos graves para la salud si no se toman medidas adecuadas. La ciencia del ejercicio y expertos en medicina deportiva coinciden en que el clima caluroso representa un estrés adicional que el cuerpo debe gestionar activamente.
En ambientes calurosos, el cuerpo activa mecanismos de regulación térmica, principalmente sudoración y vasodilatación, para disipar el exceso de calor. Sin embargo, cuando la temperatura y la humedad son muy elevadas, estos mecanismos se vuelven menos eficientes, lo que provoca un aumento de la temperatura central y una mayor percepción de esfuerzo, reduciendo así la capacidad de rendimiento aeróbico y de resistencia. Estudios han demostrado que el rendimiento en calor puede disminuir significativamente, incluso sin alcanzar temperaturas corporales críticas, debido a la complejidad de las respuestas fisiológicas al estrés térmico.
El sistema cardiovascular se ve particularmente afectado. Según el cardiólogo Dr. Rodrigo Águila, el calor obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad, aumentando la frecuencia cardíaca y exigiendo una redistribución de la sangre tanto hacia la piel para enfriar el cuerpo como hacia los músculos activos, lo que puede disminuir la eficiencia del aporte de oxígeno y nutrientes. Este esfuerzo adicional puede elevar los riesgos cardiovasculares, especialmente cuando no se está adecuadamente aclimatado o hidratado.
La hidratación es un factor crítico: la pérdida de líquidos y electrolitos a través del sudor reduce el volumen plasmático, lo que limita la capacidad del corazón para bombear sangre y aumenta el riesgo de deshidratación y otros cuadros como calambres, agotamiento por calor y golpe de calor. Estudios sobre hidratación destacan que pérdidas de apenas un 2 % del peso corporal por deshidratación ya afectan negativamente el rendimiento y la función fisiológica.
Expertos en medicina deportiva y salud pública también advierten sobre riesgos asociados a la exposición prolongada al sol y al calor sin las medidas preventivas adecuadas. Esto incluye evitar ejercicios en las horas de mayor temperatura, realizar evaluaciones médicas previas si se tiene una condición preexistente, y adaptar la intensidad y duración de los entrenamientos para minimizar el estrés térmico.
Al mismo tiempo, algunos especialistas señalan que, con una aclimatación progresiva, el cuerpo puede desarrollar adaptaciones beneficiosas, como una mayor sudoración eficiente y mejor tolerancia al calor, lo que puede contribuir a mejorar el rendimiento en ciertas condiciones climáticas extremas.
En resumen, el calor intenso puede reducir el rendimiento físico, aumentar la fatiga y elevar el estrés sobre el corazón y otros sistemas, pero con estrategias adecuadas —como hidratación, aclimatación y ajustes de entrenamiento— es posible practicar actividad física de forma más segura y efectiva incluso en temperaturas elevadas.
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