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La actividad física gana protagonismo como herramienta para prevenir enfermedades neurodegenerativas

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Diversas investigaciones médicas coinciden en que la práctica regular de actividad física puede desempeñar un papel clave en la prevención de enfermedades neurodegenerativas, un grupo de trastornos que afecta progresivamente al sistema nervioso y que incluye patologías como el Alzheimer y el Parkinson.

En los últimos años, especialistas en neurología y salud pública han señalado que el ejercicio no solo contribuye al bienestar físico general, sino que también puede proteger funciones cognitivas como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento mental.

Evidencia científica sobre el vínculo entre ejercicio y salud cerebral

Investigaciones desarrolladas en instituciones académicas y centros médicos han encontrado asociaciones significativas entre la actividad física regular y un menor riesgo de deterioro cognitivo. Un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud advierte que mantener un estilo de vida activo puede ayudar a retrasar o prevenir el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Según este organismo internacional, “la actividad física regular contribuye a mejorar el flujo sanguíneo cerebral y favorece procesos biológicos que protegen las neuronas”.

En la misma línea, un estudio difundido por la Universidad de Harvard concluyó que las personas que realizan ejercicio de manera constante presentan un menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes mantienen hábitos sedentarios.

El neurólogo David Perlmutter, especialista en salud cerebral, explica que “el ejercicio estimula la liberación de factores de crecimiento que ayudan a la supervivencia de las neuronas y favorecen la formación de nuevas conexiones en el cerebro”.

Cómo impacta el ejercicio en el cerebro

Desde el punto de vista biológico, la actividad física activa múltiples mecanismos que benefician al sistema nervioso. Entre ellos se destacan la mejora de la circulación sanguínea cerebral, la reducción de la inflamación y la estimulación de sustancias que promueven la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse.

Investigadores de la Cleveland Clinic señalan que el ejercicio aeróbico —como caminar, nadar o andar en bicicleta— puede favorecer la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína asociada con la supervivencia neuronal y el aprendizaje.

La neuróloga Jessica Caldwell, directora de programas de prevención de demencia en la Cleveland Clinic, afirma que “el movimiento regular tiene un efecto protector sobre el cerebro porque estimula procesos que ayudan a mantener las funciones cognitivas a lo largo del tiempo”.

Testimonios sobre los beneficios del ejercicio

Los beneficios de mantenerse activo también se reflejan en experiencias personales. Carlos Méndez, de Santiago de Chile, comenzó a incorporar caminatas diarias después de que un médico le recomendara mejorar sus hábitos para cuidar su salud cerebral.

“Al principio lo hice por recomendación médica, pero con el tiempo noté que me sentía con más energía y más concentrado en mis actividades diarias”, cuenta.

Por su parte, la profesora de educación física María Fernanda Soto, quien trabaja con adultos mayores en Valparaíso, destaca que “la actividad física no solo mejora la movilidad, también tiene un impacto positivo en el estado de ánimo y en la memoria de los participantes”.

Recomendaciones de los especialistas

Las guías de salud recomiendan mantener una rutina de ejercicio moderado de al menos 150 minutos semanales. Esta práctica puede incluir caminatas, ciclismo, natación o actividades recreativas que mantengan el cuerpo en movimiento.

La Organización Mundial de la Salud subraya que “la combinación de actividad física regular, alimentación equilibrada y estimulación mental constituye una de las estrategias más efectivas para reducir el riesgo de deterioro cognitivo”.

Aunque el ejercicio no garantiza la prevención total de las enfermedades neurodegenerativas, los especialistas coinciden en que constituye una de las herramientas más accesibles y eficaces para proteger la salud del cerebro a lo largo de la vida.

Entre los ejercicios más recomendados se encuentran:

Caminatas rápidas: Caminar a buen ritmo entre 30 y 45 minutos al día es una de las formas más accesibles de ejercicio aeróbico. Este tipo de actividad mejora la circulación sanguínea y favorece la oxigenación del cerebro.

Ciclismo: Andar en bicicleta, ya sea al aire libre o en bicicleta estática, contribuye a mejorar la resistencia cardiovascular y estimula diferentes áreas del cerebro relacionadas con la coordinación.

Natación: La natación es un ejercicio de bajo impacto que trabaja gran parte de los músculos del cuerpo y favorece la salud cardiovascular, un factor importante para el funcionamiento cerebral.

Entrenamiento de fuerza: El uso de pesas ligeras o bandas elásticas ayuda a mantener la masa muscular y se ha asociado con mejoras en funciones cognitivas y en la regulación metabólica.

Ejercicios de equilibrio y coordinación: Actividades como el yoga, el tai chi o ejercicios de estabilidad ayudan a mejorar el control corporal y estimulan la conexión entre mente y movimiento.

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